Curiosidades del mundo

Hanami: el festival de los cerezos

El festival de los cerezos, posiblemente, sea uno de los más conocidos alrededor del mundo pertenecientes al país nipón. Se trata del Hanami, también conocido como festival de los cerezos. La festividad, que nació hace más de 1.000 años, sigue teniendo como base la misma idea: contemplar los cerezos en flor.

Historia del festival de los cerezos

Esta festividad tiene su origen en el Periodo Nara (710-794) y está asociada a otro festival del que ya os hablamos hace poco, el Momo no Sekku o festival de las niñas.

Durante este festival, se juntaba la nobleza para componer poemas, cerca de un arroyo, mientras contemplaban las flores. Los árboles en flor que contemplaban en aquel entonces, serían o melocotoneros o albaricoqueros, procedentes de China.

Ya en la Era Heian (794-1185), con una introspección hacia sus elementos propios, cambian los melocotoneros por un árbol que encuentran por todo el país: los cerezos. En esos años, se acaba por perder el componer poemas y prolifera la contemplación de la primavera.

Ya en el Periodo Edo (siglo XVII-XIX) se habilitan parques y zonas para contemplarlos y lo hacen accesible para las clases populares. Estas aprovechaban para celebrar con sus amigos y familiares, llevando comida para los picnics que allí celebraban.

Plantaron la variedad yamazakura, que, para que lo podamos distinguir fácilmente, se trata del cerezo con flor blanca.

Siguiendo con la plantación de cerezos, en la Era Meiji (1868-1912), con la modernización de Japón, se produce la plantación masiva por todos los espacios públicos del país. La variación que plantaron se conoce como Edohigan, que, sería el más conocido por su flor rosa.

Hanami: el festival de los cerezos y sus leyendas

De esta tradición podemos encontrar dos leyendas, una que cuenta la variación de color de las flores de cerezo y otra que nos explica la belleza de sus flores.

Hanami, samuráis y flores blancas

Esta leyenda cuenta que, en la Era Meiji, con tantas guerras por todo el país, se buscaba a los mejores samuráis que pudiera haber, sin importar cuán mayores eran.

Por esta razón, las mujeres de estos guerreros se quedaban solas durante largos periodos de tiempo. Es entonces cuando se creó una ley en la que una mujer casada con un samurái, solamente podría estar con otro hombre en ausencia de su marido si podía justificar su muerte.

Era tal el compromiso de la mujer del samurái, que no hay registro de la ejecucición de ninguna mujer a causa de esta ley. En cambio, hay constancia de que, las mismas mujeres, una vez muerto su marido, cometían seppuku frente a un cerezo.

Se dice que, las flores, originalmente blancas, de los cerezos, acabaron por teñirse de rojo por la sangre de estas mujeres.

Hanami y la belleza de los cerezos

Según esta leyenda, durante el Período Sengoku, había muy pocos tiempos de paz.

Pero había un lugar, un bello bosque, donde las guerras nunca llegaron, pues no se atrevían a perturbar tan hermoso. La belleza de la vida casi se podía palpar.

El protagonista de nuestra historia es un árbol que allí vivía y que, sin razón alguna, nunca podía florecer. Destacaba entre los demás árboles, sin florecer, parecía casi mustio.

El hada del bosque, enternecida por su condición, le propuso realizar un hechizo: durante 20 años podría sentir lo que siente el corazón humano, convertirse a placer en uno, y encontrar así lo que necesitaba para volver a florecer. Eso sí, si pasados los 20 años, no lo había conseguido, moriría.

Animado por el hechizo, vagó durante años, alternando su forma, pero solo encontró guerras, muerte y desolación. Había perdido toda esperanza cuando, un día, conoció a una hermosa joven que recogía agua para llevar a su hogar.

Impresionado por su belleza, se acercó a hablar con ella.Y descubrió que no solo era hermosa, también era la mujer más lista que había conocido. Después de aquel encuentro, siguieron viéndose para hablar, pasear, leer poemas o, incluso, componerlos. Y, así, fue como el árbol acabó enamorándose de la joven.

Atormentado por el poco tiempo que le quedaba, pues los 20 años estaban llegando a su fin, decidió sincerarse con ella. Le declaró su amor, no sin antes contarle sobre el hechizo y lo poco que le faltaba para que su vida llegase a su fin. Tristemente, ella no pudo responderle, y el árbol volvió a su forma vegetal para esperar el final.

Así pasó los días, con gran tristeza, hasta que un día apareció la joven. Esta le explicó que sus sentimientos eran correspondidos, que ella también le amaba y que no quería que muriese.

El hada, que todo lo había oído, se personificó en la escena, y le ofreció dos opciones a la joven. Una de las opciones era permanecer en forma humana, y perder así a su amor. La otra era unirse en forma de árbol a su amado, para así poder estar juntos para siempre.

La joven no se lo pensó mucho y decidió unirse a su amado para siempre. Y así, el árbol, aquel cerezo que antaño fue mustio y la joven, de nombre Sakura (Flor de Cerezo en japonés), florecieron y demostraron, así, su amor a todo el mundo.

Esta leyenda cuenta que, la gran belleza de los cerezos, se debe a que es una celebración del amor.

Flores, Utagawa Toyokuni (1769-1825)

La celebración del Hanami

Actualmente, como ya empezó en el Período Edo, se juntan para comer con amigos y familiares, llegando a alargar la celebración hasta entrada la noche.

Muchos de los parques nacionales crean listas de reserva para poder ir a comer, estando llenas incluso meses antes de la propia celebración.


¿Conocíais la historia de esta festividad? El país nipón es uno de los que más leyendas populares tienen, y que se siguen contando a día de hoy. Ojalá, el año que viene, podamos contarlo desde allí.