Curiosidades del mundo

Sant Jordi

Hoy viajamos a territorio nacional, concretamente a la villa de Montblanc, en Cataluña. Aterrizamos en su semana medieval, con la fiesta del patrón por excelencia catalán: Sant Jordi.

Para muchos, Sant Jordi compite con San Valentín como día de los enamorados.

Esta fiesta, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional en el 1993, tiene su origen en el siglo XV.

En el siglo XV se celebraba en Barcelona una Feria de las rosas, en conmemoración a la leyenda. El epicentro de la fiesta era el Palau de la Generalitat, donde se regalaban rosas las parejas que estaban a punto de casarse.

Si bien desde, aproximadamente, el 1456 se regala la rosa, no fue hasta que se declaró el Día del libro en la misma fecha que se unió el regalar un libro.

La tradición dice que el hombre debe regalar una rosa a su amada, y esta le corresponderá con un libro. Actualmente, estos roles ya no están tan presentes, y se regalan rosas a los amigos y familiares. También se regalan libros indistintamente de a quién vaya dirigido.

La leyenda de Sant Jordi

La leyenda cuenta que, hace mucho tiempo, existió un dragón que atemorizó la villa de Montblanc. Corrompía el aire y el agua con su aliento.

Vivía a las afueras del pueblo, y se iba alimentando de los animalillos que allí vivían. Hasta que un día se quedó sin alimento y decidió acercarse al pueblo.

Los habitantes de Montblanc, atemorizados, le dieron, para que se alimentara, primero las ovejas, luego los bueyes, y finalmente los caballos. Una vez se comió todo el ganado, asustados del dragón, decidieron sacrificar a la población.

Para ello, escribieron los nombres de todos los habitantes y los metieron en una barrica, incluidos el del rey y la princesa. Cada día una mano inocente se encargaba de sacar el nombre del pobre que serviría de alimento para la bestia.

La princesa Cleodolinda

Un mal día, el nombre que salió escogido fue el de la princesa Cleodolinda.

Una de las versiones cuenta que el rey suplicó a sus súbditos que se intercambiaran con su hija, pero al no ser el único padre desconsolado, no consiguió su propósito.

Otra versión cuenta que, aunque los súbditos quisieron intercambiarse con ella, el rey se mantuvo firme en la decisión.

Retablo de Sant Jordi, Museu Nacional d’Art de Catalunya.

Siendo como fuere, la princesa salió de las murallas y se dirigió hacia donde el dragón habitaba. Pero justo antes de que el dragón la devorara, apareció un joven caballero entre la niebla. Este caballero, montado sobre un caballo blanco, era Sant Jordi.

Arremetió, sin miramientos, al dragón con su lanza, matándolo al instante.

Aquí volvemos a tener dos versiones. Una cuenta que el dragón se fundió y lo absorbió la tierra. De esa fusión nació un rosal con rosas rojas.

La otra, más conocida, cuenta que, de la sangre que brotó del dragón, nació un rosal, y del rosal una rosa roja, brillante, preciosa, como nunca se había visto.

Sant Jordi obsequia a la princesa con la rosa, como símbolo de su amor.

Sant Jordi en Montblanc

En 1981, un grupo de jóvenes pertenecientes a asociaciones folkloricas, quisieron reivindicar el pasado esplendoroso medieval de la villa. Tras unos cuantos años, en 1987 representaron la primera Leyenda de Sant Jordi.

© Pep Torres – 2018

Para darle más intensidad, al año siguiente celebraron la primera semana medieval de Montblanc, siendo esta de las primeras en celebrarse en Cataluña.

La semana incluye cuatro actos diferentes:

  • Representación de la Leyenda de Sant Jordi. Se realizan dos funciones.
  • Mercado medieval. De los primeros en Cataluña.
  • Dracum Nocte. Llegada del mal con la historia del Dragon de los Cuatro elementos.
  • Entrega de la rosa. Con una comitiva de las casas nobles, bailando en honor a la rosa que Sant Jordi le entregó a la princesa.
© Pep Torres – 2018

El año pasado se vio suspendida la celebración. Este año, de momento, sigue en pie su celebración. Podéis consultar toda la información en su web oficial.

Cabe decir que este día es festivo en muchos más sitios, como Aragón, Baleares, Comunitat Valenciana, Grecia, Inglaterra, etc.

¡Y que viva el amor!